La importancia de la educación sexual para el desarrollo

La educación sexual se ha convertido en un objeto de estudio en las últimas décadas y promueve un gran número de trabajos, investigaciones, cursos y campañas a tu alrededor. Esto ocurre, sobre todo, como consecuencia directa de los considerables avances realizados no solo por la propia sexología, sino principalmente por la Psicología y la Psiquiatría en el estudio y descubrimiento de las raíces sexuales de la conducta humana y sus múltiples desviaciones, como la Psicosis y la Neurosis.

Si, por un lado, existe una inmensa importancia del desarrollo psicosexual en la maduración e integración de la personalidad, en el equilibrio emocional, en el ajuste evolutivo ante las demandas biológicas y sociales y, en definitiva, en todo el estado mental. salud, por otro lado la influencia de anomalías y alteraciones en la vida sexual en la génesis de numerosas situaciones psicopatológicas es también evidente y bien documentada por la investigación clínica, desde la simple condición neurótica hasta los trastornos severos de conducta, es decir, neurosis de carácter y declaradas psicosis.

De ahí la consiguiente atención al papel de la sexualidad en la dinámica de la psique individual y sus ilimitadas repercusiones en el desarrollo de las interrelaciones humanas. Es importante, entonces, comprender la necesidad de una educación sexual, dirigida a minimizar los efectos negativos derivados de errores, prejuicios, frustraciones, miedos, en definitiva, dificultades de todo tipo en la búsqueda y obtención de la plenitud fisiopsicosexual. Como resultado, existe una cierta necesidad de que la educación sexual se brinde en su momento a niños, adolescentes e incluso adultos.

Los niños y la sexualidad

Desde el principio, el niño muestra curiosidad por su cuerpo, aunque de forma diferente y a un nivel diferente al del adulto. Desde los tres a los cuatro años empezará a hacer preguntas sobre sí misma y de dónde viene. Preguntas que tienes derecho a hacer, sin miedo ni vergüenza. Y todas ellas deben ser respondidas, todas las dudas deben ser respondidas, de manera veraz y honesta, dando al niño la información suficiente para satisfacer su curiosidad inmediata. A esta edad, una o dos frases ambiguas casi siempre son inapropiadas.

El sexo es de naturaleza fundamental y el hecho de que el niño esté interesado en él es un fenómeno perfectamente normal. Muchos psicólogos ven la actitud de un niño hacia el sexo en sus primeros cinco o seis años de vida, uno de los factores más importantes para moldear su desarrollo y toda su vida futura. Esta actitud comienza a perfilarse con el acto de vivir. Todo lo que le sucede al niño o en su entorno deja una huella sutil. Muchos expertos creen que la educación sexual comienza en el hogar y en el nacimiento.

La actitud de los padres hacia el sexo y la forma en que se tratan entre sí posiblemente se refleje en el niño. Si la madre asocia la idea de sufrimiento o peligro al sexo, si el hecho de ser mujer se considera una sobrecarga y la maternidad es un sacrificio, poco a poco puede legar al hijo semillas de problemas que pueden perturbar su vida en el futuro. . De la misma manera, el padre que trata a su esposa como un ser inferior, puede provocar en el niño una actitud sexual capaz de originar conflictos íntimos, que pueden surgir en algún momento de la vida, luego de haber estado escondido durante mucho tiempo.

El niño pronto observa diferencias entre hombres y mujeres, ya sea en la voz, en el aspecto anatómico, en la forma de vestirse, observa la presencia de barba en el hombre, las distintas tareas que hombres y mujeres realizan en el hogar, etc. En un ambiente donde hay calidez humana, amor y sinceridad, se alentará al niño a hacer preguntas libremente sobre estas diferencias y sobre sí mismo. Si el padre y la madre son inhibidos o evasivos, o si el tema del sexo se considera tabú, el niño también puede llegar a ver el sexo o las partes que se refieren a él en su cuerpo, con disgusto o vergüenza y en su momento tendrá un concepto erróneo del sexo, considerándolo ilícito, frente a un proceso natural.

Educación sexual y desarrollo saludable

Una de las principales dificultades a las que se enfrentan los padres al intentar resolver las dudas de los niños es la falta de vocabulario adecuado. El niño que aprende de otros niños sobre el sexo generalmente lo hace a través de palabras cargadas de asociaciones maliciosas. Los padres que quieren evitar esto a menudo se encuentran en una situación difícil para encontrar términos o una forma adecuada de abordar el problema. El conocimiento de términos más adecuados les permitirá responder a las preguntas de los niños de forma sencilla y natural, sin eufemismos ni inhibiciones. El sexo está presente en toda la naturaleza, entre plantas y animales, mamíferos, peces y el simple conocimiento de la biología puede ayudar a los padres a dar alguna explicación más certera y sin gran dificultad. Sin embargo, hay que tener cuidado con las comparaciones con lo que ocurre en la naturaleza, ya que el sexo supera, en la especie humana, las dimensiones puramente biológicas y reproductivas.

La educación sexual que constituye una asignatura en los cursos regulares para niños en edad escolar y posteriormente, en los primeros años de vida, no debe enseñar lo que el niño no pide. Aunque es necesario decir la verdad, no es obligatorio que se le diga toda la verdad de una vez. El niño de cuatro a cinco años no necesita ni puede comprender información detallada. Todo lo que necesitas son unas pocas palabras hasta que las hayas asimilado y vuelvas a cuestionar, quizás muchos meses después. La verdad a decir debe ser la verdad al alcance del niño.

Todo lo que se le dice al niño a través de generalidades o comparaciones en los primeros años, y con más detalle en la adolescencia, debe decirse con naturalidad. El sexo es parte de la vida y tiene que presentarse sin especial énfasis a un ser impresionable como el niño. Si en los primeros años de vida el niño recibe explicaciones veraces, aunque sencillas, se encontrará mejor preparado para afrontar las situaciones que se presentan en la pubertad. A esa edad, los cambios se acumulan y, junto con las transformaciones físicas, son asaltados por nuevas dudas, inquietudes y en ocasiones miedos. El niño de antes ahora necesitará explicaciones adecuadas a los cambios físicos, una comprensión total de los asuntos sexuales y que la atracción sexual es perfectamente normal y le sucede a todos.

El joven mejor preparado podrá aceptar los cambios que se irán produciendo sin miedo y las chicas, debido a que llegan a la pubertad más rápidamente que ellas, suelen necesitar una atención más temprana. A esto le sumamos el hecho de que la llegada de la primera menstruación para una niña desprevenida y temerosa puede ser una experiencia traumática. Asimismo, un niño que no comprende los fenómenos del sexo, puede experimentar alguna dificultad al enfrentarse a una eyaculación nocturna.

Entonces, ¿cuáles serían los principales propósitos de la educación sexual? En primer lugar, quitar el aspecto de misterio y pecado del sexo y dejar muy claro que es algo muy natural y que debe entenderse y aceptarse sin restricciones. En segundo lugar, aclarar a los jóvenes sobre la sexualidad, su anatomía y fisiología, proporcionándoles conocimientos sobre sí mismos. En tercer lugar, hazles saber sobre las inevitables exigencias de la libido, las situaciones que pueden surgir de allí, las posibles frustraciones que puedan ocurrir, las prevenciones saludables, una higiene más correcta, etc.

La llamada psiquiatría profunda o psicodinámica que busca desentrañar más profundamente la conducta, a través de la investigación, muestra que una de las fuentes más frecuentes de impactos emocionales, angustias y síntomas nerviosos diversos en los adultos suele radicar en la falta de plenitud en la actividad sexual. Excesos, deficiencias, inhibiciones, egoísmo, abandono, brutalidades, perversiones, depravaciones y una serie de hechos que determinan el descontento, la insatisfacción, la irritabilidad, la amargura, la revuelta y el odio. La vida sexual debe ser un motivo no solo de placer sino también de bienestar.





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