comprender el trastorno y las consecuencias de la falta de diagnóstico

La dispraxia, o trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC), es un problema común que ocurre en la coordinación motora fina y gruesa en niños y adultos. Las dificultades de coordinación afectan la participación y el funcionamiento de las habilidades para la vida diaria en la educación y en el trabajo.

Los niños pueden experimentar dificultades en su cuidado personal, al andar en bicicleta y jugar, así como al realizar otras actividades recreativas.

Los niños con TDC, que no son diagnosticados temprano, experimentan fracaso y frustración en su vida diaria y académica. A menudo se les etiqueta como perezosos, descoordinados, desmotivados, torpes, etc. Pueden desarrollar complicaciones secundarias, como dificultades de aprendizaje, así como problemas sociales, emocionales y de comportamiento.

La dispraxia también tiene un impacto en la vida adulta

En los adultos, la dispraxia afecta la vida personal y profesional. Los adultos con dispraxia pueden tener alteración de la coordinación motora fina y gruesa (movimientos menores y mayores), usar ambas manos para diferentes tareas, tener dificultad para organizar el habla, no controlar el volumen, hablar continuamente, puede tener un sentido de dirección inadecuado, muchas o poca sensibilidad a los olores, temperatura, dolor, sabor o ruido, dificultad para organizar y planificar, problemas de memoria, especialmente problemas a corto plazo, etc.

Es importante señalar que muchos adultos que no fueron diagnosticados de niños sufren sin saber que sus problemas pueden tener su origen en este trastorno, y que pueden tener una mejor calidad de vida, sabiendo lo que le pasa a su cerebro.

Además, el hecho de no tener un diagnóstico puede llevar a la empresa a no comprender el funcionamiento mental de esa persona, estigmatizándolo y no reconociendo su potencial para el puesto. El diagnóstico suele ser multidisciplinario e incluye a un pediatra, un fisioterapeuta, un terapeuta ocupacional y un psicólogo clínico y educativo.

No existe ninguna anomalía neurológica clínica que explique esta condición. La investigación sugiere que se debe a la inmadurez del desarrollo neuronal en el cerebro. Cuanto antes sea el diagnóstico, mayores serán las posibilidades de mejora.





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